Te confieso algo: me niego a ver otra interfaz aburrida. Durante la última década, el diseño digital sufrió una lobotomía estética. Las agencias nos vendieron el “Flat Design” como el pináculo de la usabilidad y terminamos con un internet lleno de cajas grises sin alma y avatares corporativos genéricos.
Pero descubrí algo fascinante. La Generación Z, que ya está harta de la esterilidad visual de las apps actuales, acaba de desenterrar una reliquia de principios de los 2000 que está infectando a los mejores estudios de UI: el glorioso Frutiger Aero.
Burbujas, cristal y delfines cibernéticos
Si alguna vez tuviste una Nintendo Wii, usaste Windows Vista o tocaste el primer iPhone, sabes perfectamente a qué me refiero. Era una época donde el internet, visualmente, olía a limpio. No sabíamos que los algoritmos iban a enloquecernos; la estética nos prometía un futuro donde la tecnología era tu amiga buena onda.
Exigimos interfaces que den ganas de “morderlas”.
Ver a los diseñadores en Figma jugando de nuevo con sombras paralelas exageradas y brillos plásticos es, en el fondo, una rebelión. Si el rebranding de tu marca se sigue viendo como una plantilla plana, toca volver a ensuciarse las manos con texturas.