El “Shitposting” corporativo: Cuando las marcas dejan de vender para volverse comediantes.
Durante décadas, la voz corporativa fue sagrada. Los manuales de marca dictaban un tono servicial, profesional y aséptico. Si un cliente se quejaba, la respuesta era una plantilla diplomática. Todo debía proyectar seguridad y perfección.
Hoy, si le pides a la aerolínea Ryanair que te asigne un asiento con ventana, lo más probable es que su community manager te responda en TikTok con un filtro deformante burlándose de tu exigencia por haber pagado un tiquete de 15 euros. Y, sorprendentemente, ese video tendrá millones de visualizaciones orgánicas y miles de usuarios aplaudiendo la hostilidad.
Bienvenidos a la era del “Shitposting” Corporativo, el movimiento donde las marcas han decidido que el absurdo y la comedia de nicho son más rentables que hablar de las características de sus productos.
El Búho psicópata y la hamburguesa agresiva
El génesis de este fenómeno se remonta a Wendy’s en Twitter (X), cuando decidieron empezar a insultar (“roastear”) a sus seguidores y a la competencia. Rompieron la cuarta pared de las relaciones públicas. Descubrieron que en la economía de la atención, una marca que se comporta como un adolescente sarcástico genera más titulares gratuitos que una campaña de televisión de dos millones de dólares.
Pero el formato ha mutado y se ha perfeccionado en TikTok. El caso de estudio definitivo es Duolingo. Su mascota, el Búho verde, no te explica los beneficios de aprender un segundo idioma. En su lugar, persigue a Dua Lipa, llora desconsoladamente con música emo de fondo o amenaza veladamente a los usuarios que pierden su racha diaria.
*“La Generación Z tiene un detector de ‘bullshit’ corporativo altamente calibrado. Cuando una marca intenta sonar inspiracional, la ignoran. Cuando una marca asume su propio patetismo, la viralizan.”
Las agencias creativas han tomado nota. Han pasado de crear “Guías de Tono y Estilo” rígidas a contratar a creadores de contenido de 22 años, dándoles las llaves de la marca y una única instrucción: Actúa como si no te importara la empresa.
El riesgo del “How do you do, fellow kids?”
Por supuesto, la línea entre ser culturalmente relevante y dar “cringe” (vergüenza ajena) es microscópica. El shitposting funciona porque requiere contexto, ironía y un profundo entendimiento de la cultura de internet en tiempo real.
Anatomía del fracaso
Cuando un banco tradicional o una empresa de seguros intenta usar un meme que murió hace dos semanas, el público no se ríe con ellos; se ríe de ellos. El shitposting no es una plantilla de Canva que se aprueba tras cinco rondas de revisión corporativa. Exige inmediatez, asimetría y perderle el respeto al manual de marca.
Al final, esta tendencia nos revela una verdad incómoda sobre la publicidad moderna: los consumidores saben que les estás intentando vender algo. Si no puedes ofrecerles el producto perfecto, al menos ofréceles un buen remate. El nuevo ROI no se mide en clics inmediatos, sino en relevancia cultural.